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Agosto, ¡el mes de la tortuga marina!

por Biol. Oscar S. Aranda Mena |

No hace falta que exista decreto alguno o que esté marcado en los calendarios. El mes de agosto es para toda la costa del Pacífico Mexicano, el momento cúspide en la actividad reproductora de las tortugas marinas. Para Puerto Vallarta, esto significa un atractivo natural más, que puede aprovecharse de forma responsable y controlada. Esta sección es un homenaje a un animal que no tiene defectos, sólo cualidades: la tortuga marina.

Medalla de honor a un sobreviviente nato
Las tortugas marinas tienen un linaje muy antiguo. Existen desde antes que aparecieran los dinosaurios, sobreviviendo a la formación de los continentes, la creación de nuevos océanos, eras de hielo, actividad volcánica catastrófica y el impacto de un asteroide que cambió al planeta por completo. Prosperaron por muchos millones de años antes que los primeros mamíferos aparecieran, teniendo una gran influencia en la ecología de los mares del planeta.

Actualmente, y en tan sólo un par de siglos, las tortugas marinas se encuentran seriamente afectadas por las actividades humanas. Debido a que necesitan salir a las playas para poner sus huevos, se ven envueltas en un conflicto directo con los usuarios de las playas, llámense turistas, desarrolladores o inocentes transeúntes. A causa de que se alimentan en las mismas zonas donde extraemos nuestros alimentos (pescados y mariscos), muchas mueren diariamente víctimas de las actividades de pesca, como redes, anzuelos y colisiones fatales. Sobrevivir a ello es en sí un milagro, así que debemos sentirnos orgullosos de que las tortugas Golfinas vengan cada verano a reproducirse a estas playas, que siempre les pertenecieron.

Una armadura hidrodinámica
El cuerpo de las tortugas marinas es anatómicamente perfecto: un caparazón fuerte y curvado, formado por sus costillas modificadas y unidas entre sí. La parte inferior está igualmente blindada, aunque plana para permitirle maniobrar tanto en el agua como en la tierra. Su forma les permite resistir el embate de las olas al salir y al entrar, sin que éstas les hagan daño o las hagan quedar boca arriba, lo que resultaría mortalmente peligroso. Cuentan con 4 poderosas aletas que les dan tanto impulso como una maniobrabilidad impresionante, además de una boca que, aunque no tiene dientes, poseen un efectivo sustituto llamado ranfoteca, presente también en las aves.

Contrario a la mayoría de las tortugas terrestres y de agua dulce, las tortugas marinas no pueden “esconderse” en su caparazón, debido a la bien desarrollada musculatura interna. Además de su armadura y su fuerte mordida, cuentan con unas garras que hacen de sus aletas un arma perfecta, aunque su uso es más para facilitar la alimentación y la reproducción.

¿Cómo se reproducen en el mar?
Es común para los pescadores y paseantes en el mar, observar a dos tortugas montadas una sobre otra, mientras la que está encima permanece inmóvil, la que está debajo parece luchar para mantenerse a flote. Esta acción conocida como "mancuerna", es una tarea bastante difícil para ambas partes, pero ciertamente lo es más para la hembra, quien debe hacerse cargo de nadar hacia la superficie para respirar, cargando a cuestas por varios minutos a un macho que se aferra fuerte y lastimosamente con sus curvadas garras ubicadas en las aletas frontales. Este abrazo es tan fuerte, que las hembras pueden mostrar heridas en el borde de su caparazón, mismas que con el paso de los años y tras múltiples apareamientos, van desgastándolo.

Adicionalmente, el macho puede tornarse agresivo cuando ella se niega a reproducirse, tirándole fuertes mordiscos en cuello y aletas. Cuando ella acepta y el macho ha logrado asirse, utiliza su larga cola para encontrar la cloaca de la hembra y depositar su semen, mismo que será almacenado y utilizado para fertilizar sus huevos durante toda la temporada, que consiste en alrededor de 3 puestas distintas. Existe una creencia popular que el macho muere luego de aparearse; nada más lejos de la realidad. Éste intentará recuperar fuerzas lo más pronto posible para buscar aparearse con otra hembra, pues ellas se aparean varias veces, con distintos machos.

Buen resultado, a pesar de las pérdidas
Una tortuga marina hace todo lo que está a su alcance para que sus crías puedan sobrevivir: cava un nido en un sitio elegido cuidadosamente calculando la humedad disponible, disponibilidad de luz, acceso rápido a la playa, y lo deja bien oculto de los depredadores, además de proveer a cada huevo con una dotación de alimento suficiente para permitirle a la cría desarrollarse completamente hasta nacer, sobrándole energía suficiente para sus primeros días de vida en el mar.

Sin embargo, apenas nacen y se dirigen al mar, la gran mayoría son devoradas por peces y aves que los esperan al cruzar las primeras olas. El 95% de las crías que entran al mar pasarán a formar parte de la cadena alimenticia; del resto sólo una o dos, con mucha suerte, llegarán a la edad adulta. Suena triste y desolador, pero es una estrategia reproductiva que les ha permitido sobrevivir por tan largo tiempo y, aunque es difícil de comprender, resulta muy efectiva, tal como hacen los corales, medusas, erizos y moluscos, que al no cuidar de su descendencia, necesitan de una gran cantidad de hijos para compensar esa pérdida tan grande que su descuido intencional provoca.

Puede resultar desesperanzador ver el bajo número de crías supervivientes, pero es una razón más para redoblar nuestros esfuerzos de conservación. Probablemente ninguna de las miles de crías que liberamos al año en Puerto Vallarta hubiera siquiera logrado entrar al mar si no fuera por la importante labor que unas pocas personas, autoridades municipales, federales y hoteles realizan en la región.

¿El tamaño importa?
Las tortugas marinas crecen de acuerdo a la especie y la tortuga Golfina está entre las más pequeñas, con apenas 75 cm de longitud y unos 35 kg de peso. Comparadas con la tortuga Laúd, la especie de tortuga más grande del mundo, es una enana, al medir menos de la mitad. A diferencia de los mamíferos, que a cierta edad maduran y dejan de crecer, las tortugas crecen y maduran en relación a la cantidad y calidad de la comida disponible, por lo que es casi imposible determinar su edad de acuerdo a su tamaño, el cual puede variar dramáticamente entre uno y ot ro individuo de la misma edad.

Donde el tamaño sí importa es en relación a sus depredadores, pues mientras más grandes son, menos depredadores tienen, aunque el caparazón de una tortuga marina es de gran ayuda para combatirlos. Una tortuga adulta sólo tiene 3 enemigos: los grandes tiburones (que cada vez son más escasos) y las orcas, también llamadas erróneamente “ballenas asesinas”. Al tercer depredador lo catalogo por separado, pues es quien las ha orillado a la extinción: el ser humano.

Enfrentando la extinción
Por cientos de años, la aparentemente ilimitada cantidad de tortugas marinas ha sido comercialmente explotada para aprovechar su carne, huevos, aceite, piel y caparazón, disminuyendo peligrosamente su población mundial. Aunque seguramente su declive comenzó hace varios cientos de años, se convirtió en un obvio problema para del siglo XX. Se estima que antes de que fuera decretada la veda total (declarada para México en 1990), se capturaban más de 400 mil tortugas al año en el Pacífico Mexicano.

Luego que su captura quedara prohibida, surgió la “pesca incidental”, que engloba la captura y muerte accidental de tortugas marinas que caen en redes destinadas para otros organismos. Entre los artes de pesca más comunes, podemos mencionar que las redes de arrastre matan alrededor de 150 mil tortugas al año en el mundo. Aún cuando no existen datos suficientes, se estima que tan sólo la flota de pesca japonesa de palangre (con anzuelo) captura a más de 21 mil tortugas anualmente en el Océano Pacífico.

Esta es la situación actual de las 7 especies de tortugas marinas que anidan en México: 2 de ellas se encuentran al borde de la extinción, la tortuga Laúd y la Carey. Se estima que la población actual de tortuga Laúd es de menos del 5% de la población original y sólo se protegen en México un par de cientos de nidos al año. En una situación similar se encuentra la tortuga Carey del Pacífico, que aunque es la misma que existe en el Atlántico y el Caribe, es tan escasa que se desconoce cuántos individuos existen y en dónde anidan. La Tortuga Prieta o Negra sufre en México de una de las mayores explotaciones ilegales de carne y huevo y se estima que en la región del Golfo de California se sacrifican anualmente más de 35 mil tortugas.

Afortunadamente, las principales playas de anidación de esta especie (Michoacán) se encuentran vigiladas para su protección, en muchos casos por las mismas comunidades indígenas que ahí viven. La tortuga Golfina es la única especie cuya población ha dado muestras de recuperación, pero más que ninguna otra especie, sigue amenazada por la cada vez mayor captura ilegal en nuestros mares y playas.

Situación en Puerto Vallarta
Sería irresponsable negar que en la Bahía de Banderas las tortugas Golfinas y las demás especies estén enfrentando serios problemas. Cada año mueren decenas de tortugas marinas por quedar atrapadas en artes de pesca y por colisiones con embarcaciones. En los últimos años se ha incrementado el número de robos de huevos en algunas playas como Boca de Tomates, Los Muertos y Playa de Oro.

Como lo he dicho en otras ocasiones, la contaminación lumínica es uno (si no el mayor) de los problemas que enfrentan, debido a la gran cantidad de luz que hay en las playas. Desafortunadamente, la evolución no le enseñó a las tortuguitas recién nacidas a distinguir entre la luz artificial y la natural, por lo que tal como ocurre con los insectos que se ven mortalmente atraídos por la luz de las farolas, ellas se dirigen en sentido contrario al mar, justo luego de salir de sus nidos en la arena, lo que las deja expuestas a sus depredadores.

Larga -y secreta- vida
Las tortugas marinas son observadas tan sólo una minúscula parte de sus vidas; cuando descansan en la superficie del mar, cuando salen a la playa a desovar o cuando nacen indefensas en las playas. El resto de sus vidas sigue siendo un misterio, develándose poco a poco por las investigaciones científicas. ¿A dónde van después de nacer?, ¿cómo pueden viajar tan lejos y orientarse para regresar al mismo sitio 15 años después?, ¿cómo es su vida social?, ¿se reconocen entre ellas? Estas son sólo algunas de la infinidad de preguntas que han sido mínimamente respondidas y aún queda mucho por descubrir.

Cuando salen a la playa a desovar, en ocasiones muestran gran cantidad de cicatrices, una historia jamás contada que nos haría asombrarnos (aún más) de sus increíbles aventuras. Personalmente, considero que es bueno no conocer tantos detalles de sus vidas, dejándoles permanecer en el anonimato y mantener así la ilusión y el gusto por conocerlas mejor. Cuando vea una tortuga, piense que además de la suerte que ha tenido de encontrarla, esta tortuga, con fácilmente más de 35 años de edad, tiene un presente complicado y un futuro aún más. Haga su parte para no fastidiarle ese momento y permítale hacer lo suyo sin molestarla, pues se lo merece. En nuestras manos está que la tortuga marina siga reinando nuestros mares. Brindemos honores a un ser magnífico, que hace de nuestro mundo, un mundo mejor.

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