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El Árbol-Hormiga: La Jarretadera

por Biol. Oscar S. Aranda Mena |

Existe en nuestra región un árbol que es odiado por los lugareños y admirado por los científicos de todo el mundo. Un ejército de agresivas hormigas lo defiende a toda costa de cualquiera que se atreva siquiera a tocarlo. Una relación mutua y obligada entre árbol y hormigas los ha hecho inseparables aliados, brindando un admirable ejemplo de cooperación en la naturaleza.


¿Quién es La Jarretadera?

La jarretadera pertenece a un género de árboles denominados acacia, existiendo más de 750 distintas especies. Muchas de ellas son las que integran el paisaje típico africano y de zonas semi-áridas de México. Es de climas tropicales y se distribuye desde México hasta Centroamérica y ha evolucionado paralelamente con una especie de hormigas que son ahora parte vital del mismo árbol, obteniendo ambas beneficios que no obtendrían viviendo de forma separada.

Es así como la jarretadera ha desarrollado grandes espinas en forma de “V” que dan hogar a las hormigas, alimentándolas además con un jugoso néctar producido en unos órganos especiales localizados en hojas y tallos. Cuando el árbol produce nuevas espinas, estas hormigas la perforan para construir una pequeña madriguera, quedando distribuidas a lo largo y ancho del árbol, listas para reaccionar ante cualquier vibración producida por algún extraño.


Un socio poderoso

Por supuesto que las bondades que la jarretadera ofrece gratuitamente a estas hormigas hace que sean sumamente leales, brindándole al árbol un poderoso y fiel servicio de guardia personal las 24 horas del día, defendiéndolo de cualquier insecto, ave o mamífero que se atreva apenas a tocar sus hojas. Sin embargo, su servicio va más allá, ya que eliminan cualquier planta que intente crecer a unos metros a la redonda, destruyendo además cualquier hongo que pudiera amenazar la salud del árbol.


Imponiendo las reglas

Hasta hace poco, los científicos no habían logrado entender la compleja relación que existe entre estos seres tan diferentes y desconocían cómo los insectos lograban polinizar las flores del árbol con semejante protección. Y es que si sus flores no son polinizadas el árbol no logra reproducirse ni producir semillas. Hace unos años, un grupo de científicos descubrió que las flores producen un compuesto químico que mantiene a las hormigas alejadas, como un repelente natural. De ese modo, las hormigas no se acercan siquiera a las flores y los insectos polinizadores como las abejas pueden realizar su trabajo tranquilamente.


Un ejemplo a seguir

No es de sorprenderse que la gente considere a este árbol (y a sus hormigas) una verdadera molestia, pues no sirve para dar sombra ni cobijo, regalando dolorosos piquetes a cualquier descuidado hombre que se recargue en él.

Sin embargo, es la profunda relación y entendimiento que existe entre especies de reinos diferentes lo que tiene sorprendidos a los científicos, quienes buscan ahora entender los compuestos químicos que producen las flores de estas acacias, con el fin de crear un repelente natural de insectos que sea ambientalmente amigable.

Actualmente, este árbol es eliminado poco a poco de las áreas con influencia humana y como ejemplo existe un pueblo en los alrededores que obtuvo su nombre en honor a este abundante árbol desde antes del siglo XIX y ahora sólo conserva un nombre del cual pocos pobladores conocen su origen. Si bien es un árbol incómodo e incomprendido, como seres humanos debemos de admirar ese gran pacto que selló el destino de estos dos magníficos seres vivientes.

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