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Las Besuconas: Aliados sin Rival

por Biol. Oscar S. Aranda Mena |

Podrás no conocerlas por su nombre, pues este es un cariñoso sobrenombre que se les ha dado en la región, debido a los sonidos que emiten, muy similares al que producimos al dar un beso. Conocidas también como cuizas o como geckos, estos singulares animales se han convertido en inseparables compañeros de cuarto y los podemos encontrar en cualquier casa de cualquier región con clima tropical o subtropical.


Naturalizadas mexicanas

Siendo animalitos tan abundantes en nuestra ciudad, es difícil imaginarse vivir sin ellas, pues su insaciable apetito mantiene nuestros hogares libres de arañas e insectos molestos. Sin embargo, en realidad son originarias de las islas tropicales del otro lado del Océano Pacífico, a miles de kilómetros de distancia.

Siendo animales tan íntimamente ligados al hombre, se les ha llamado “comensales humanos”. Su cuerpo pequeño, aplanado y flexible les ha permitido “infiltrarse” en los cargamentos de exportaciones a todo el mundo desde sus países nativos y se cree que su llegada a México fue a través del puerto de Acapulco, hace ya cientos de años. Desde ahí, han logrado distribuirse por todas las zonas con un clima suficientemente cálido, pudiendo encontrarse no sólo en ciudades costeras de todo el Pacífico y el Golfo de México, sino incluso en ciudades como Guadalajara.


Reptiles con características únicas

De todos los reptiles que existen, las besuconas y otros miembros de la familia gekkonidae son los únicos con la capacidad de emitir sonidos verdaderos, llamados vocalizaciones. Aparte de ello, tienen visión a colores, lo que les permite distinguir entre insectos apetitosos y venenosos, pero sin duda hay una característica que hace a las besuconas muy especiales, pues las hembras pueden mantener vivo el esperma de los machos hasta por 8 meses, y si acaso no encontraran un macho con quién reproducirse, éstas pueden poner huevos fértiles, a través de un mecanismo llamado partenogénesis, que en pocas palabras producen clones de sí mismas. Esta ha sido una de las razones por las que se han distribuido tan eficazmente por el planeta (además de que se reproducen todo el año), poniendo cada vez 2 huevecitos, mismos que se pueden observar en el translúcido vientre de sus madres.


Dedos con poder atómico

Lejos de la ficción y los atributos hollywoodenses, estos pequeños bichitos tienen dedos tan especializados que, para caminar verticalmente sobre superficies tan lisas como el teflón o el cristal, utilizan la atracción molecular producida por las fuerzas de Van der Waals que, aunque me tomaría muchísimo explicar, me conformaré con decir que se utiliza la polaridad de las moléculas de cualquier elemento, mismas que, al igual que los imanes, hacen que las moléculas vecinas sean atraídas. Dichas fuerzas se producen de forma aislada en cada una de las microscópicas estructuras que tienen las laminillas de sus dedos (denominadas nanopelos), y si bien son fuerzas muy débiles individualmente, son multiplicadas millones de veces, ya que existen millones de nanopelos en cada dedo.

Normalmente, las especies exóticas o “introducidas” son causantes de infinidad de problemas para la fauna local, transmitiendo enfermedades y compitiendo directamente con otras especies (o alimentándose de ellas). En el caso de estos simpáticos animalitos, su hábito de vivir con los humanos les ha permitido encontrar un nicho que antes estaba vacío, permitiéndoles reproducirse libre y saludablemente, aunque en lugares silvestres como la selva o el bosque pueden competir con otros geckos nativos de México.

Siendo una especie totalmente inofensiva para los humanos, su presencia ha sido benéfica para las familias y, más allá de las falsas creencias populares que aseguran son venenosas o que se quedan “pegadas” a la piel, nos han brindado un gran servicio de “matabichos”, además de diariamente despedirnos y recibirnos con sus “besos” cuando llegamos a casa. Aceptémoslas como parte de nuestras casas y disfrutemos de un espacio libre de bichitos.

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