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¿Libélulas o Caballos del Diablo?

por Biol. Oscar S. Aranda Mena |

Uno de los insectos voladores más grandes del mundo es un conocido habitante de nuestra región, quien resulta ser (junto con las cucarachas) uno de los insectos más antiguos y sorprendentes del mundo animal.

Fósiles vivientes de vuelo evolucionado

Es difícil imaginarse que en la época carbonífera (hace unos 300 millones de años) había libélulas del tamaño de una gaviota, con una estructura casi idéntica a la actual, con alas que alcanzaban los 70 centímetros de punta a punta...

Pero no se deje engañar, pues a pesar de ello están entre los insectos con el vuelo más complejo y evolucionado, pudiendo alcanzar velocidades de hasta ¡98 kilómetros por hora! Con dos pares de alas que no pueden plegar como el resto de los insectos, las libélulas las utilizan alternadamente y uno de los pares se mueve más lento que el otro, por lo que tienen la capacidad de hacer movimientos bruscos y asombrosamente acrobáticos que cualquier piloto desearía poder realizar.

Un bicho asesino

Esa agilidad no ha sido gratuita, pues es debido a su necesidad de especializarse para cazar otros insectos (principalmente mosquitos) y sus patas han evolucionado de tal forma que una libélula no tiene la capacidad de caminar, debiendo posarse a descansar y volar para desplazarse, dada la forma de canasta que sus patas han adquirido para poder cazar a sus presas en pleno vuelo.

Ojo de águila, o “de libélula”

Es muy común escuchar mencionar “ojo de águila” como alguien que tiene una vista muy desarrollada, pero pocos son los seres vivos que tienen un rango de vista de 360 grados, gracias a sus más de 30 mil ojillos que conforman el sistema de la vista, capaz de enfocar a su presa hasta a 12 metros de distancia, lo que las hace sumamente eficientes.




Una vida larvaria

Lo que pocos sabemos es que estos asombrosos organismos pueden vivir hasta 7 años, cuyos últimos 4 meses de vida los pasarán como forma adulta, para finalmente reproducirse y morir.

Esos casi 7 años de vida los pasarán como juveniles, en forma de un insecto totalmente acuático y depredador, capaz de atrapar pequeños peces, ranas y otros invertebrados, y con una respiración similar a la de los peces. Mudan de piel periódicamente, para finalmente “sentir” la necesidad de madurar y convertirse en una libélula adulta, por lo que salen del agua y sufren una metamorfosis comparable a la de las orugas y mariposas.

Los caballitos “del diablo”

Comúnmente confundidos con las libélulas, los caballitos del diablo tienen una forma aparentemente similar, pero su principal diferencia radica en la posición de sus alas, pues estos últimos sí pueden plegar sus alas sobre su cuerpo, al igual que el resto de los insectos, además de ser más pequeños y difíciles de observar.

Control “antiplagas”

Con un apetito voraz, las libélulas resultan ser un excelente control natural de mosquitos y son uno de los bichos que resulta más afectado por las constantes fumigaciones que realiza el sector salud para controlar el “dengue”, utilizando, por cierto, sustancias tóxicas sumamente nocivas para el medio ambiente y para nosotros mismos quienes debemos “respirar”, resultando también fumigados, con consecuencias futuras aún desconocidas...

Es sorprendente qué valor ecológico tan importante tienen estos ojones insectos y qué poco valor representan para los seres humanos, lo cual debe resultar en una lección más que debemos aprender de la naturaleza y valorar lo que nos rodea.

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