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S.O.S. Cocodrilos en Vallarta

por Biol. Oscar S. Aranda Mena |

Este artículo no pretende asustar a nadie, pero sí dar a conocer que estos maravillosos y admirables animales se encuentran en un grave peligro por la destrucción de su hábitat. Confinados a un espacio cada vez más reducido, son amenazados por personas que los han satanizado, perseguido y eliminado hasta dejar unos cuantos. Este es un llamado de auxilio en nombre de los cocodrilos.

Un poco de historia
He venido evitando escribir sobre cocodrilos por largo tiempo, y no porque no me gusten, sino porque me cuesta trabajo expresar en tan poco espacio tanta tristeza por la compleja situación en la que se encuentran los erróneamente llamados "caimanes". Y es que el Vallarta moderno se cimentó sobre el hábitat de los cocodrilos, eliminando en un 90% los espacios que antes les pertenecieron. Ríos, manglares, estuarios y zonas inundables que ahora están cubiertos de casas eran un hábitat ideal. Estos terrenos han sido secados, desmontados, rellenados y destruidos para dar lugar al Vallarta que ahora conocemos.

¡Un cocodrilo en mi alberca!
Podría sonar cómico, pero es un claro ejemplo de que algo malo está sucediendo, pues dado que son territoriales y su hábitat se ha reducido a unas cuantas hectáreas, los más jóvenes y débiles son obligados a buscar nuevos territorios, por lo que cada vez es más frecuente verlos nadando en la playa, caminando por las calles y hasta en las albercas de los hoteles. Esto es más común durante las lluvias, pues los ríos crecen y es momento para la reproducción, estimulándolos a emigrar. Equipos de personal altamente capacitados se encargan de atraparlos y devolverlos a su hábitat sanos y salvos, pero ¿cómo devolverlos a un hábitat que ya no existe?

¡Cadena perpetua!
Es lo que le espera a los cocodrilos que se atreven a salir nuevamente de sus espacios, aquellos que se niegan a permanecer en un territorio que no les favorece. Trasladados a un "cocodrilario", su vida al menos queda protegida, evitándoles el peligro de morir golpeados o baleados. Ahí son admirados por unos pocos que curiosos se acercan a verlos, con la seguridad de que están detrás de un muro o unas rejas. Desafortunadamente, mantenerlos cuesta y a veces padecen de hambre, descuido y viven hacinados en reducidos espacios.

¿Feos y peligrosos?
Desafortunadamente su aspecto no les ayuda, pues esos visibles y largos colmillos resultan demasiado amenazantes para quienes los observan. ¿Peligrosos? Sí lo son, como cualquier animal silvestre si no se respeta su espacio. Basta saber que es mayor el temor que ellos sienten por nosotros que el de nosotros hacia ellos, y qué mejor ejemplo que aquellos famosos cocodrilos que viven en los lagos del campo de golf en Marina Vallarta. Ahí, los cocodrilos toman inmóviles y cómodos un poco de sol mientras los golfistas hacen lo suyo sin molestarse mutuamente. Ambos se ignoran. Algunos perros han desaparecido, pero sorprendentemente han ocurrido muy pocos incidentes con personas y cuando ocurren, siempre ha sido por acercarse demasiado imprudentemente, pues los cocodrilos silvestres siempre evitan el contacto con los seres humanos.

Sin perder las esperanzas
Existe un grupo de biólogos y ciudadanos preocupados por el futuro de los cocodrilos. Día a día contribuyen con tiempo, dinero propio y mucho esfuerzo para que estos incomprendidos animales tengan un futuro más promisorio. El cocodrilario más famoso se encuentra en el CUC, de la Universidad de Guadalajara, donde cada uno de los cocodrilos tiene una historia de supervivencia qué contar.
Otro cocodrilario que puedes visitar se encuentra en la laguna "El Quelele", en Nuevo Vallarta, un hermoso sitio olvidado por las autoridades que alberga una gran cantidad de vida acuática, aves y cocodrilos. Ahí, cerca del campo de golf Flamingos, podrá visitar un hermoso lugar donde además de comer y disfrutar observando a estos incomprendidos animales en libertad, estará contribuyendo a su conservación.
Si tan sólo nos obsesionáramos menos en su aspecto y nos preocupáramos más por su papel que juegan en la naturaleza las cosas serían diferentes. Es sorprendente saber que son los únicos reptiles que cuidan y defienden a sus crías y que han permanecido casi sin cambios desde hace unos 200 millones de años. Aún así, nos aferramos en desterrarlos de nuestro territorio, cuando ellos tienen derecho de antigüedad.



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