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Un pequeño gran cantor: El Semillero collarejo
por Biol. Oscar S. Aranda Mena |
Con ustedes: el canario vallartense Conocido también como collarejito o semillerito (sporophila torqueola), es un ave que habita áreas templadas y tropicales desde el norte de México hasta Panamá y que prefiere campos abiertos con maleza, arbustos y matorrales donde pueda anidar. Aunque en general es un ave poco abundante, es fácil de observarse en nuestra región. Este pajarillo de apenas 10cm de largo se caracteriza por tener un pico corto y grueso que le resulta muy útil al sacar pequeñas semillitas de la vegetación. Presenta dimorfismo sexual; es decir, que el macho y la hembra tienen plumajes distintos. Su nombre lo obtuvieron por el plumaje del macho, que presenta un collar blanco completo o semi-completo sobre su cuello negro en su parte superior, mientras que tiene todo su vientre pálido, de color amarillo. La hembra tiene un plumaje más discreto, variando en tonalidades cafés y amarillas. Un canto privilegiadoTiene un canto hermoso y potente; a diferencia de otras especies, también las hembras cantan, aunque su canto no es tan complejo como el del macho. Su canto les permite comunicarse con su pareja y otros collarejos a la distancia. Los machos pueden cantar durante varios minutos de forma continua, modulando el sonido magníficamente. Para reconocerlos es muy útil comparar su voz con la de los canarios, pues suena bastante similar, aunque no están emparentados. El canto del collarejo es un canto dulce y sonoro que empieza con varias notas altas repetidas, bajando a varias notas en un tono más grave, que suena como un "suit suit suit suit, chío chío chío chío". Tienen también otros cantos y variaciones, según su estado de ánimo y si están en época de crianza hacen sonidos repetidos como varios "chip, chip, chip" o modulaciones que suenan como un "chi-hui, chi-hui", etc. Además de artistas, padres ejemplares Existe un periodo de silencio donde los collarejos no son escuchados, generalmente entre los meses de diciembre a marzo. Al entrar la primavera, estos monógamos pajaritos comienzan a construir nidos del tamaño y forma de una taza de café, sumamente delgados y bien escondidos entre la densa vegetación, construidos con delgadas fibras naturales y raíces, aunque también los construyen con fibras plásticas o artificiales que "roban" en las zonas urbanas. Luego de terminarlo, depositan en él 2 ó 3 pequeños huevecillos con manchitas cafés, que luego de 13 días de incubarse darán 2 ó 3 desnudos pollitos, mismos que serán alimentados casi continuamente. Si bien se conoce muy poco sobre la reproducción debido a su excelente forma de esconder sus nidos, se ha observado que tanto la hembra como el macho toman parte en el cuidado y alimentación de los pequeños pichoncitos, los cuales crecen tan rápido que en pocos días se ven obligados a salirse del nido por falta de espacio. Es ahí cuando corren más peligro, pues en su afán por salir suelen caer al suelo, donde son víctimas de muchos depredadores como los gatos. Sin embargo, sus padres los buscan y alimentan hasta que puedan volar y buscar su propio alimento. Un paraíso para el collarejoResulta interesante el saber que esta especie ha sido por décadas capturada intensamente en gran parte del país para su venta como ave de ornato y que su presencia en las ciudades suele ser extremadamente rara. Siendo aves que prefieren áreas rurales o poco afectadas por el crecimiento urbano, ¿por qué son tan comunes en nuestra ciudad? No lo sabemos, pero tal vez sea porque en esta región no se acostumbra capturarlos, lo que les ha permitido vivir libremente y reproducirse. Como resultado de nuestra indiferencia hacia ellos, las benévolas condiciones de la región les han permitido encontrar suficiente comida como para quedarse permanentemente y deleitarnos con su canto. Si bien no son tan comunes al sur de la ciudad, la zona norte es un buen sitio para observarlos. Con un poco de suerte podrás escucharlos posados en algún árbol frente a tu casa y con otro tanto de paciencia los podrá ver. Un reto que bien vale la pena. |
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