Expertos en maniobras de alto riesgo y conducción suicida, los conductores de motocicletas en la región demuestran que nadie les ha explicado que ese artefacto es un vehículo y no un juguete; muchos de ellos son repartidores de cualquier clase de productos, desde pizzas hasta refacciones, pero también hay jóvenes que al recibir la moto -regalada, comprada o robada- la usan para divertirse mientras ponen en riesgo sus vidas y las de otras personas que tienen la mala fortuna de topárselos a su paso.
Se les puede ver a todas horas y en casi toda la ciudad corriendo a toda velocidad, circulando entre los autos, rebasando sin precaución, haciendo "caballitos" en los cruceros, cambiando de carril sin ningún aviso y, en general, ignorando olímpicamente las leyes de tránsito.
El mal ejemplo lo pusieron sin duda los pizzeros; para ser más preciso, las pizzerías que ofrecen entregas exprés y grandes descuentos en caso de que el envío llegue tarde. A partir de entonces el mal cundió y todos los repartidores en dos ruedas parecen tener la consigna de que más vale heridos que llegar tarde; los hay repartidores de refacciones vehiculares, de mensajería, de alimentos, de tortillas e incluso, y en el colmo de la vida al margen de la ley, de bebidas alcohólicas, sin contar las "narcomotos" que sobra decir cuál es el objeto de sus entregas y apuraciones.
Para el anecdotario, hace poco se anunció un operativo especial de tránsito municipal para infraccionar a los motociclistas que se atrevieran a repartir tortillas, pues los señores tortilleros establecidos vieron en ellos una voraz competencia desleal que consideraron podría llevar sus negocios al borde de la quiebra. Lo paradójico es que se emprendiera un "operativo" al respecto, cuando hay otras múltiples irregularidades, cualquiera de ellas más grave como para emprender no uno sino varios operativos para sancionar a los infractores.
Son los jóvenes, principal pero no exclusivamente, los que transgreden las leyes de tránsito al circular en motocicletas. Muchos de ellos no usan casco protector o llevan pasajeros sin casco, usan escapes ruidosos a altas horas de la noche y, lo que es peor, circulan a gran velocidad en zonas urbanas.
El gobierno municipal, a través de la subdirección municipal de tránsito, está realizando esfuerzos para controlar a la plaga de kamikazes en dos ruedas mediante un operativo con el elocuente nombre de "motorratón". Sin embargo, los motorratones han resultado ser muy vivos para escabullirse de la autoridad y muy persistentes para salir una y otra vez de sus madrigueras para molestar a vecinos y conductores en general.
Urge que las autoridades no descansen en el esfuerzo por hacer que los conductores de motos cumplan con el reglamento de tránsito y que se enteren que sus vehículos son un transporte y no un juguete para divertirse.
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